Madre de Dios de la Ternura «Amante de los hombres» Ver más grande

Madre de Dios de la Ternura «Amante de los hombres»

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Cuando contemplamos el icono no podemos por menos de detener nuestra mirada en la suya. Habitualmente la Virgen de la Ternura mira a su Hijo o mira en otra dirección en actitud contemplativa. En este caso, su mirada se dirige directamente a los fieles, al mismo tiempo que parece concentrarse en su propio interior. 

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Por este doble movimiento, su fuerza de iluminación sobre el alma humana se convierte en la experiencia espontánea e inolvidable de un contacto liberador. La potencia de la relación que se crea con la Virgen, es consecuencia de su conocimiento del sufrimiento, el de su Hijo, para nosotros insondable, y el suyo propio.
Esa mirada enigmática de la Virgen parece introducirnos en los diferentes aspectos teológicos de un único misterio: el de la maternidad de Madre de Dios.
Lleva la inscripción «Madre de Dios, Misericordiosa Amante de los hombres». Su mirada no es la de una mamá orgullosa de un hijo excelente, sino una mirada que irradia y dirige hacia nosotros toda la riqueza interior de la que ha contemplado a su hijo toda la vida. Es una mirada de fe, pues ha concebido a Dios en su corazón antes de concebirle en su cuerpo, y ha acogido las palabras del Hijo en la cruz, asumiendo una maternidad que nos abraza a todos y a cada uno de los hombres. Ella es también nuestra Madre.
El Niño no tiene cuerpo de recién nacido. Viste como adulto. Todo en Él es luminoso, mostrando que es verdaderamente el Verbo, Señor de todas las edades, gloria de Dios. Es según la definición del concilio de Nicea: «Dios nacido de Dios, luz nacida de la luz, verdadero Dios nacido de verdadero Dios». Es este fulgor interior el que profundiza la intimidad entre la madre y el hijo en su tierno abrazo. En este gesto Maternal se expresa la verdad del dogma de la Encarnación: María es verdaderamente madre del que es verdaderamente Dios.
En su frente y hombros lleva estrellas brillantes, símbolo del dogma de su virginidad, antes, durante y después del nacimiento de su Hijo. Bajo sus estrellas sus ojos revelan una virginidad que penetra todo su ser. Es una disponibilidad total al Espíritu divino que hace de ella instrumento de la potencia creadora de Dios. Así ser madre y virgen, no son incompatibles, se complementan y necesariamente están unidos uno al otro. María es madre de Dios, porque es virgen.

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Cuando contemplamos el icono no podemos por menos de detener nuestra mirada en la suya. Habitualmente la Virgen de la Ternura mira a su Hijo o mira en otra dirección en actitud contemplativa. En este caso, su mirada se dirige directamente a los fieles, al mismo tiempo que parece concentrarse en su propio interior.